domingo, septiembre 17, 2006

Alatriste (Agustín Díaz Yanes) 2006

Sin duda está levantando ampollas, eso no se podrá negar, y no es para menos. Nos encontramos ante una obra que está dejando desconcertados tanto a seguidores como a los que no lo son.

La adaptación única de la múltiple e inacabada saga de Alatriste (Arturo Pérez Reverte) tenía la difícil tarea de condensar las cinco novelas existentes del capitán y sus aventuras. Agustín Díaz Yanes se encarga del guión y dirección. Fotografía a cargo de Paco Femenía y vestuario de la mano, dedal y aguja de Francesca Sartori.

Y lejos de querer reproducir críticas binarias (a favor o en contra) que han proliferado en muchos medios, evitaré así caer en tópicos y soplapolleces de pecata minuta. Por ello pienso que Alatriste pone en jaque mate al mal acostumbrado espectador español. Digo esto porque en los tiempos que nos toca vivir, es imposible pensar que el mero hecho de hacernos observar, pensar y utilizar esa materia gris que algunos tienen y otros ansían es para analizar lo que vemos y lo que nos muestra la película. Alatriste acaba con las previsibles peleas americanas, las colosales llamas, explosiones, guerras y batallas fantasiosamente digitalizadas.

Y es que, señores, en el siglo XVII español se moría, luchaba, vivía, amaba y se jodía uno en esa perra vida de Madrid y el resto del imperio a la manera del capitán. Reflejar esta situación es el mayor logro de la película. Pero claro, el espectador de cine que espera una americanada, el que ve el león gruñir y se imagina una morenaza explosiva española rescatada por un capitán d’Artagñesco y más cuentos de capa y espada facilones, esos, repito, pierden el tiempo. Corran y escapen dejando paso a aquellos que sí quieren ver y conocer nuestro siglo XVII, que contuvo el siglo de oro y que tanto nos otorgó. Para esto sí que sirve Alatriste, porque es ante todo, una película histórica. Casi me atrevería a decir y lo hago, que es un documental de aventuras históricas.

Además se hace difícil criticar una película que el propio creador valora muy positivamente. Pero claro si hablamos en términos de comercialización cinematográfica, no estamos ante una buena película, si no fuera por el fuerte merchandising que se le da claro. Su fuerte no es la acción, ni el guión y muy posiblemente no sea la mejor película para entretener casi dos horas y media al espectador.

Pero cambiemos el chip. Vamos a ver una película que nos quiere transmitir algo más interesante que la mayoría de estrenos semanales. A través de la vida de Alatriste (Viggo Mortensen) se recrean multitud de detalles de ese período histórico, veremos la esencia policromática de las obras de Velázquez. Una ambientación perfecta de las calles madrileñas, de la vida germanesca en escenas de cárcel, de las relaciones de maridaje, de la vida política y ostentosa de un clero secularizado. Hasta asistimos al estreno en una “corrala” madrileña de la obra El perro del hortelano de Lope de Vega o conocemos a un Quevedo (Juan Echanove) en una faceta satírica de la vida política española, en sus continuos ataques al Conde Duque de Olivares (Javier Cámara). El contexto histórico en que se desarrolla la trama es el leitmotiv del film. Un imperio español en crisis. Una estructura social y económica mantenida por débiles hilos de oro traídos de las indias y un ejército que se desangra en Flandes. Génova es la sanguijuela encargada de satisfacer los excesos de la corte y sus múltiples endeudamientos. Y en medio, Alatriste es la máxima representación de un contacto lúcido del pueblo llano con la realidad. Es una clara evocación de cómo malvivía un soldado de los tercios.

Y claro, cuando alguién se percata de que el timbre de voz no es, ni de lejos parecido al de Bisbal o el capitán Sparrow, clama a los cielos de cómo se ha consentido tal aberración. Como si tuviera importancia fuera del pensamiento de un sujeto adicto a los deshechos televisivos.

Por esto le llueven críticas a Díaz-Yanes acusándolo principalmente de haber hecho un guión inconexo, pausado y confuso. Y aunque puede que así llegue a serlo, se olvida que el guión es la adaptación novelesca de la vida de Alatriste. Explicar la gran cantidad de posibles desenlaces en cada episodio de su vida, como algunos propugnan, solo tiene cabida en la creación de una saga cinematográfica.

Esto, posiblemente, desvirturaría la razón de ser de la película, convirtiendose en una comercial historia de aventuras y mitificando precisamente a un personaje perfectamente mimetizado con la soldadesca de la época.

Si conseguimos evitar caer en la búsqueda de una trama que nos narre una historia heroica digna de Hollywood, obtendremos una película con una ambientación, fotografía, vestuario, banda sonora y referencias a un brillante, triste y abandonado episodio nacional que no nos dejará decepcionados ni mucho menos.

De ahí que, al igual que Alatriste, sería fácil hacer una crítica basada en juzgar su mejor o peor comportamiento comercial, en base a supuestos motivos de escasa acción, inconexo montaje o inexistente trama.

Hugo Nuño

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