On an island (David Gilmour) 2006

“On an island”, como no podía ser de otra forma tratándose de un álbum firmado por David Gilmour, es un disco en el que se han creado y trabajado cuidadosamente los ambientes sonoros y los paisajes musicales como en su día ya hiciera con Pink Floyd. La mayor parte de los temas tienen un fondo melancólico, incluso en ciertos momentos triste, y en todos ellos la guitarra eléctrica adquiere el papel protagonista, eso sí, compartido con el de las guitarras acústicas, los teclados y los sonidos sintetizados. Escuchándolo resulta inevitable acordarse de “A momentary lapse of reason” y de “The division bell”, los dos últimos discos de estudio de Pink Floyd, ya sin Roger Waters.
La voz susurrante y los solos de guitarra siguen conservando esa seña de identidad tan particular y característica de David Gilmour, aun llevando éste más de 12 años sin pasar por un estudio de grabación. No ocurre lo mismo con el espíritu de las canciones de este disco. Los temas están cargados de emoción y sentimiento, pero están totalmente carentes de fuerza. Es un disco ideal para ser escuchado en determinados estados de ánimo, aunque no es para nada aconsejable escucharlo en según que otros a menos que lo que se desee sea cambiar de un estado al completamente opuesto. Pero claro, no se puede obviar que “On an island” es un disco grabado por un señor de 60 años con todo lo que eso supone (sí, ya sé que hay unas cuantas excepciones). Al margen de composición, guitarra y voz, en "On an island" David Gilmour también se atreve con el banjo e incluso con el saxofón en el tema “Red sky and night”.
A pesar de ser un álbum de David Gilmour en estado puro, en este trabajo no está solo ya que cuenta con algunas interesantes colaboraciones. De entre todas ellas podría destacarse la de su esposa Polly Samson escribiendo y cantando algunas de las canciones del disco; la de la orquesta sinfónica dirigida por Zbigniew Preisner, presente en “Castellorizon”, el tema que abre el disco; la del que fuera teclista de Pink Floyd, Rick Wright, tocando el teclado en “On an island”, en el segundo corte del disco; o la de Graham Nash y David Crosby haciendo los coros también en “On an island”. Además, hay que hacer especial mención a la participación de Chris Thomas y Phil Manzanera en las labores de producción junto al propio Gilmour.
“On an island” es un disco correcto, algo alejado del notable pero correcto. Aunque las comparaciones sean odiosas, me veo en la obligación de decir que el que busque un bálsamo anti nostalgia Pink Floydiana, quizás aquí no lo encuentre del todo o sólo lo encuentre a medias. Como suele ocurrir en la mayoría trabajos en solitario de los componentes de tantas otras bandas disueltas.
Rubén (El Artista Multimedia del Bajo Aragón)
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