lunes, febrero 28, 2005

La Pasión de Cristo (Mel Gibson) -2004-


Es una lástima que pudiendo haber sido la mejor película de la historia de todas las que tratan de la vida y obra de Jesucristo, el señor Mel Gibson sólo haya conseguido hacer la película más violenta y más sangrienta de la historia del cine no-gore y no-serie B. Teniendo al alcance de su mano todas las posibilidades del mundo (presupuesto de superproducción, tecnología cinematográfica, maquillaje de última generación, buen reparto, buena ambientación, buenos decorados, etc.) el film se centra y se recrea en la tortura totalmente excesiva y abusiva al margen de la fidelidad o no con los hechos reales.

Si bien es cierto que absolutamente todo está hecho con una perfección exquisita, que la idea de rodar una única versión en hebreo y latín clásico es magnífica y que el efecto de credibilidad, lástima y compasión han sido perfectamente conseguidos (hasta el punto de haber recibido protestas e indignación por parte de los colectivos judíos... por algo será...), todo esto queda en un segundo o tercer plano para el espectador, que se pierde entre latigazos, golpes, puñetazos, despelleje, rotura de huesos, crucifixiones, sufrimientos varios, lágrimas, sangre, sangre, sangre y más sangre. Eso para el que acabe de verla y no se haya tapado los ojos durante toda la película para no mirar.

Para aquellos que busquen una película sobre la vida de Jesús, “Jesús de Nazaret” o “Rey de Reyes” son sus películas, esta sólo trata la muerte de Jesús.

Rubén (El Artista Multimedia del Bajo Aragón)

1 Comments:

  • LA PASIÓN

    La ví anoche y según se mire puedo poner esta película a parir o quitarme el sombrero. No cabe duda de que para hacer esta producción hay que echarle un par, porque Mel Gibson no necesita mendigar fama con el escándalo. Y mucho menos de esta clase.

    La realización es correcta, muy en la línea norteamericana de jugar con la ortodoxia de los planos largos y cortos: planos generales y planos detalle. También hay algún momento de efecto especial para que transitoriamente la película parezca un juego de videoconsola, como es de rigor (pero afortunadamente esto es bastante fugaz). Y la dirección de actores es directamente magistral, si bien me plantea un enorme dilema James Caviezel, ¿cualquier patán hubiera estado bien en un papel tan volcadamente pasivo? Estas son las dos funciones de un director (realización y actores), por lo que le doy un notable a Gibson, quien además no se ponía detrás de la cámara desde la estupenda "Braveheart" (1995).

    La versión original con subtítulos forma parte del gran debate en el mundo cinematográfico de hoy. Pero en "La pasión" la coyuntura permite que este rasgo sólo sea digno de aplauso. El realismo y la extrañeza que producen un hebreo y un latín tan conseguidos nos dejan a todos atónitos. Además, la película es tan extremadamente visual, que los diálogos pasan a ser meros mojones orientativos.

    Lo escabroso es posicionarse respecto a la moralidad y necesidad de la filmación. No es una película sobre la vida de Jesucristo, sino sobre su muerte, algo que históricamente se ha resuelto vanidosamente con una simple elipsis en los filmes de toda la vida que cada Semana Santa pasan por la tele. Aunque sólo sea por la novedad, la acepto. ¿Pura morbidez de Gibson? Él sabrá. Por primera vez vemos a un Jesucristo con pinta de nativo del lugar y no al manido barbudo cadavérico. ¿Hace falta tal excedente de violencia para hacer avanzar la acción de lo que se narra? Esta es una controversia gorda. Desde el punto de vista del espectador es gore puro y duro. Son dos horas de corazón encogido y continuos apartamientos de mirada. ¿Encierra tanto realismo un arcano intelectual? Decididamente no. No hay segunda lectura, ni simbolismo ni reflexión. Y eso es lo que agradezco de "La pasión" a diferencia de otros proyectos recientes, como las diarreas mentales de Oliver Stone.

    Como conclusión, creo que el acierto de Gibson es que se limita a poner toda la montaña de mierda delante de las narices de los espectadores, abriendo una puerta que hasta ahora nadie se había atrevido a abrir. Luego que cada cual medite. Personalmente, yo pienso que el ser humano es brutalmente hijo de puta, que la insensibilidad es el peor de los males, que tan despreciable es el clérigo totalitario como el cura inquisidor con un colgante de Cristo, el centurión romano como el integrista musulmán con grifería de oro, el violador y asesino cruel y sin arrepentimiento como el estadista que sigue firmando penas de muerte y ordena torturas a los presos.


    Eduardo Tébar.

    By Anonymous Edu T:.., at 12:57 a. m.  

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